Había una vez, en una noche de verano una niña como tú y como yo observando las estrellas que habían en el cielo.
La niña las miraba a todas, pero había una que le gustaba por encima de las demás, era la famosa estrella polar y su brillo deslumbraba a la pequeña, la niña le pedia deseos a esa estrella, y uno de ellos era llegar a ser como ella, la niña queria ser una estrella, la razón, era que hacia varios meses atras había fallecido la abuela de la pequeña y sus padres le dijerón que su abuela siempre estaria con ella, porque al ir al cielo se había convertido en la estrella que velava sus sueños, por esta razón la pequeña queria ser una estrella, para poder ver, abrazar y besar a su abuela por ultima vez, ya que no había podido hacerlo.
Las estrellas oian su deseo una y otra vez, y veian a la estrella más brillante de todas apartada y siempre que esa estrella oia el deseo de la pequeña su brillo se apagaba un poco.
La noche siguiente una pequeña estrella recien llegada al cielo y que había observado la reaccion de la brillante estrella ante el deseo de la niña le preguntó que le pasaba, la luminosa estrella contesto que esa niña que pedia el deseo era su nieta y que a ella le gustaria tambien poder abrazarla y besarla por ultima vez, para que supiera que siempre iba a estar con ella.
Esa noche cuando la gran y luminosa estrella se retiro a descansar las demás estrellas se reunierón y decidieron que a la noche siguiente harian realidad el deseo de la pequeña niña.
Por la noche la niña observaba las estrellas y se dio cuenta de que su estrella favorita, la estrella polar, cambiaba de posición con otra, sintió un pequeño cosquilleo y cerró los ojos, cuando volvio a abrirlos, era una pequeña estrella, miro hacia un lado y se dió cuenta de que esa gran estrella brillante que había a su derecha era su abuela, le dio un gran abrazo y un beso, su abuela le dijo que siempre estaria con ella y que siempre la cuidaria, que cuando se sintiera sola mirara al cielo y le manda un beso que esa noche ella brillaria como nunca para consolarla, la abrazo y la beso.
La niña despertó en su cama, miró hacía el cielo y mando un beso a su abuela, un resplandor, como si de un rayo se tratara entro por su ventana y desapareció, pero dejo encima de la mesa un colgante de oro con forma de estrella.
La niña se volvió a dormir u ahora cada noche mira al cielo agarrando con su mano el colgante y se queda dormida, mientras todas las estrellas desaparecen bajo el brillo y la belleza de la estrella que es su abuela.
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